EL GUION
Los guiones del Capitán Trueno huyen de dar una visión maniquea o estereotipada de las demás razas y culturas. De este modo, encontramos tanto a enemigos como amigos entre los vikingos noruegos, los chinos continentales, los indígenas americanos e, incluso, entre los propios españoles, colectivos humanos en los que aparecen personajes honrados y valientes junto a tipejos execrables, los cuales, por ejemplo, quieren practicar la "caza del hombre" con sus propios siervos. Pese a ser una obra con héroes y villanos, no todos los intervinientes que van desfilando son buenos o malos de modo permanente o absoluto. Cabe citar como ejemplo al vikingo Ragnar de Loghbroth, padre adoptivo de Sigrid, quien confiesa en su lecho de muerte que, si bien atacó y saqueó como pirata las ricas naves de los mercaderes, "también es cierto que combatí [continúa el relato del vikingo] a los traficantes de esclavos". A éstos ayudó a recobrar la libertad.
El empleo del humor y de las situaciones cómicas, comenta el autor en el prólogo de La Reina Bruja de Anubis[1] , también se apartó de los cauces acostumbrados en las historietas de los años 50 y 60, donde no era normal, ni mucho menos, ver al héroe sonreir y reir a carcajadas.
Otro factor de éxito fue el tratamiento dado a las heroínas. Mora ya percibió los incipientes movimientos sociales que impulsaban la liberación de la mujer, por lo que dotó a las féminas de sus obras de una decisión y capacidades de mando muy alejadas de los arquetipos que describían la típica compañera del guerrero, como la china Lin Chin en el Guerrero del Antifaz o María, la africana mujer de Batán en El Cachorro. La dama del héroe, Sigrid, llegó a ser Reina de Thule, país que gobernó con acierto y sin necesidad de tutela masculina alguna. Y, en el desarrollo de las aventuras del Capitán Trueno, nos encontramos con otras notas distintivas que la separan de los perfiles de las restantes heroínas clásicas como Mercedes, la mujer del capitán Fierro en El Cachorro [en el caso de Mercedes, los siniestros caníbales americanos la toman como reina en la más pura versión colonialista, según la cual, una extranjera, sin conocer a las gentes y las tierras que gobierna, es adoptada como dirigente suprema (como sucede con El Hombre Enmascarado); no obstante, la dureza de Mercedes se deshace pronto, rompiendo a llorar en los brazos de su amado y, posteriormente, abandonando todo para volver a España y contraer matrimonio]. Aunque también Sigrid desea casarse con su héroe, no por ello desatiende sus obligaciones de buen gobierno con respecto a sus súbditos, razones y responsabilidades que le impiden acompañar al héroe en muchas de sus aventuras.
Por otra parte, la aparente "magia" que se inserta en las aventuras nunca es tal, sino que tiene una explicación racional, ya sea por reacciones químicas o por ingeniosos trucos, artimañas provocadas por los falsos magos para asustar y reforzar la superstición, la dependencia y la sumisión del pueblo (si bien, en las últimas aventuras, más recientes, sí aparece la magia como tal). Finalmente, el autor propugna la defensa de la Ciencia y de los avances técnicos: por ejemplo, cuando el mago Morgano es liberado y Crispín le pregunta, en el laboratorio, si es allí donde realiza su magia, aquél le responde: "la única magia que hay está aquí, en los libros de Ciencia". Los inventos del mago Morgano constituyen [salvando las anacronías que Mora advierte en el propio cómic], valiosos elementos dinamizadores de la serie y, uno de ellos en especial, el globo aerostático, le permitirá al guionista desplazar con facilidad al héroe y a sus compañeros por varios continentes. Gracias a este mago (quien construye el primer globo en la serie), el Capitán Trueno aprende a fabricar este aparato volador, el cual le llevará a lugares y continentes alejados, exóticos e inexplorados para la supuesta época de las aventuras (Mongolia, Japón, África o América).